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La arquitectura ibicenca es un estilo en sí misma. Aunque posea características comunes de la tradición mediterránea, su desarrollo le ha dotado de un carácter propio. Su estilo y su concepto han traspasado fronteras siendo referente para muchos estudios de arquitectura. Sería muy extenso enumerar cada una de sus características, por eso os enumeramos las cinco más importantes. 

LONGEVIDAD

Si tenemos que nombrar la principal característica de la arquitectura tradicional ibicenca, debemos referirnos a que su aspecto se ha mantenido inamovible durante siglos. El aislamiento de la isla del resto del mundo obligó a sus habitantes a valerse de sus propios recursos. Por eso la forma de construir estas casas y fincas se transmitía de padres a hijos sin injerencias del exterior.

SENCILLEZ

Sin duda alguna, uno de los aspectos más atractivos de la arquitectura tradicional en Ibiza ha sido su sencillez y su pragmatismo. La arquitectura al servicio de lo práctico. También destaca sobre manera su capacidad para integrarse en el paisaje a la perfección.

RECURSOS NATURALES

Otra característica interesante es que las casas se construían sobre laderas de colinas para aprovechar la pendiente. Se buscaba proteger la casa del viento y que el sol siempre diera en ella, por lo que la entrada siempre se orientaba hacia el sur. Los muros siempre eran anchos para que proporcionasen estabilidad a la vivienda. Y los materiales usados eran los que había en el entorno, como piedra, arena o arcilla.

BIOCLIMÁTICA

Los muros gruesos y las ventanas pequeñas sirven para aislar la temperatura del exterior. Para que el interior mantenga una temperatura fresca durante el verano y el calor en el invierno, adaptándose la casa a la climatología de cada ciclo. La ausencia de acristalamiento en las fincas originales garantizaba la ventilación necesaria para la transpiración de muros y tejados. Las fachadas orientadas al sur captan en su totalidad los rayos del sol en invierno y una mayor sombra en verano, al mismo tiempo que evita los vientos invernales del norte y permite la entrada de los vientos frescos del verano. Incluso el color blanco de las paredes tenía su función, al reflejar la luz del sol y evitar el recalentamiento del edificio en verano.

BLANCO Y AZUL

La tonalidad blanca, muy característica del estilo minimalista, está relacionada con la pureza y con la calma. En su construcción transmite sensación de limpieza y pulcritud. En el estilo ibicenco el blanco es el protagonista de las paredes, tanto en exterior como en interior, así como del mobiliario. A menudo la claridad de esta tonalidad se interrumpe con matices en azul añil o turquesa, muy comunes en puertas y contraventanas de madera.